Presentación

Espacio de comentario sobre las dificultades y malestares que provoca la sociedad actual. El objetivo principal es generar posibles vías de afrontamiento a lo que nos da miedo, nos provoca ansiedad y nos deprime, para conseguir bienestar y adoptar una posición responsable y decidida.


viernes, 28 de mayo de 2010

Trastornos alimentarios

Con este nombre se conoce a todas las patologías que tienen como denominador común la comida, que es el elemento que determina toda una serie de alteraciones psicológicas que pueden derivar en la enfermedad e, incluso, en la muerte. Podemos hablar de dos trastornos que son los más importantes: la anorexia y la bulimia.

En la mayoría de casos se trata de mujeres jóvenes que durante la adolescencia son objeto de burlas, de maltrato y de segregación, lo que está relacionado con quejas debidas a una soledad de fondo con cierto tinte paranoide. Una depresión suele preceder a estos trastornos y aparece con mucha antelación –a veces a los 8-10 años-. Esta depresión es descrita como una caída vivenciada con tristeza y aislamiento, se suelen encerrar en su cuarto, tienen dificultad para hablar con un familiar, con cualquiera que les de afecto y orientación. Suelen darse historias de niñas aparcadas en guarderías desde muy pequeñas donde se tienen que espabilar pronto y rápido para no representar un problema a unos padres que trabajan. Esta precocidad de la separación física convierte a la criatura en un paquete que se deja caer en un lugar poco cómodo y, a veces, insuficiente para su constitución.

Se habla muchas veces de un nuevo tipo de adicción con sus componentes característicos como son el no comer, los vómitos, el hacer deporte hasta quedar extasiadas, etc.

Bulimia: Son personas, normalmente mujeres, que su vida gira en torno de la alimentación: las calorías, las dietas, el ejercicio físico, el peso, etc. Se puede asegurar que la mayoría de ellas tuvieron anorexia en la adolescencia. Son personas con un alto grado de ansiedad que los lleva a comer compulsivamente, todo lo que pillan y, posteriormente, sienten remordimientos y culpabilidad por el atracón. En algunas personas estos abusos pueden derivar en una obesidad que puede llegar a ser extrema con necesidad de intervención quirúrgica como, por ejemplo, reducir el estómago. En muchos de estos casos ha habido una depresión previa que han sumido a la persona en un estado de dejadez que sólo ha encontrado alivio en la comida. En otros casos los denominados atracones derivan, acto seguido, en vómitos provocados que llegan a deteriorar el paladar y la dentadura por los ácidos gástricos. Estos vómitos pueden llegar a provocar una necesidad casi adictiva. En la anorexia, por el contrario, también se dan vómitos pero cuando la persona se ve obligada a comer vomita porque no quiere el alimento.

Anorexia: Se da una negativa por parte de la persona de tomar alimentos, las causas pueden ser muy variadas, desde estéticas hasta religiosas. Hemos de tener en cuenta que el culto al cuerpo es muy importante en esta época. Algo que se puede observar es que la delgadez extrema de la anorexia responde a un ideal estético. Es decir, su efecto nada tiene que ver con su supuesta causa.

Fue hacia mediados del siglo XIX cuando se descubrió y describió la anorexia como cuadro psiquiátrico en medio de una disputa por la paternidad del descubrimiento. Charles Lasègue, un psiquiatra francés, y Sir William Gull, un psiquiatra inglés, dan dos interpretaciones distintas del mismo fenómeno. Lasègue se implicó en la descripción de la anorexia mental diciendo que la evolución del cuadro depende mucho de la actitud del médico, si el psiquiatra interviene mucho, es muy activo, quiere que las pacientes coman insistentemente, esto conduce a la reafirmación de los síntomas. Lasègue concluye que cuanto menos intervenga el psiquiatra buscando modificar la conducta alimentaria más posibilidades tiene ésta de remitir. También dirá que no existe un peligro inminente de muerte, como sostenía William Gull; en el diagnóstico y pronóstico de la anorexia mental ésta era la principal causa, además de proponer llamar mental a la anorexia en lugar de histérica. Gull se basaba en la observación de una paciente que murió por inanición, este es el problema de la generalización pues habla de una, ¿sobre cuántos casos?.

Actualmente también hay explicaciones genéticas que pretenden argumentar que las víctimas sean más mujeres que hombres, a partir del descubrimiento que en la mujer hay una predisposición genética que influye sobre el metabolismo que no existe en los hombres. Pero, sin ponerlo en duda, no resuelve nada.

La anorexia puede sobrevenir tras una lucha contra el saber-poder. Un ejemplo de esto lo tenemos en un caso de una adolescente que se niega a comer carne para seguir una alimentación vegetariana y su familia la lleva al médico, éste dijo que no había peligro de morir por desnutrición pero sí que podía transformarse en débil mental. Por lo que la chica decidió no comer nada, cuando asistió a la consulta de un psicoanalista tenía todas las características de una anorexia grave: caída del pelo, piel amarillenta, etc.

Perder el apetito es uno de los signos inconfundibles de que estamos ante una anoréxica, aunque está en discusión el hecho de si se trata de pérdida real o de un engaño, tienen hambre pero lo esconden. Estos signos observables suelen bastar para diagnosticarla, dejando de banda el placer de comer para separar la alimentación de la necesidad orgánica, desde este enfoque se podría tratar el tema desde otra manera.

También se habla de la causalidad entre los imperativos de la moda y la anorexia excluyendo la dimensión de la sexualidad. Una anoréxica no tiene sexualidad e incluso se ha hablado de narcisismo para argumentar ésta ausencia. Los cuadros anoréxicos muestran jovencitas esqueléticas que nada tienen que ver con la moda, donde lo que impera es la seducción.

Otro criterio para diagnosticar la anorexia, en base a lo observable, es la pérdida del 25 al 30% del peso corporal normal, a esto se le suma los estados transitorios de pérdida del apetito y la amenorrea (falta de menstruación por más de tres períodos) que sirven para confirmar rápidamente el diagnostico. La mayoría de médicos sostiene que la amenorrea prolongada puede llevar a la esterilidad. La amenaza de muerte junto a la esterilidad obedece a una moral reproductiva que ha asumido el discurso médico. Considero que el médico responsable está para tranquilizar no para alarmar.

Otro signo inconfundible de orden perceptual cognitivo es el “se ve gorda” que, sumado a los anteriores, son signo evidente de anorexia. Cuando no se dan todos los síntomas juntos se diagnostica “anorexia atípica”, porque se han observado tres síntomas en lugar de cinco. Otro caso es el de manual diagnóstico DSM-IV que destaca la importancia del “se ve gorda” como trastorno perceptual cognitivo para diagnosticar “psicosis”. También hay que tener mucho cuidado con los libros de autoayuda sobre la anorexia y la bulimia pues algunos de ellos con pocas preguntas rápidamente diagnostican como anoréxica o bulímica a personas con buen apetito y espléndido estado de salud.

Hay que destacar que los trastornos de alimentación sirven para incluir muchas conductas atípicas donde cada vez caben más trastornos y más personas. Esto sirve para hacer una reflexión sobre el marketing mediático que tiene la medicina que quiere abarcar a más personas y generalizar para uniformarnos a todos. Estos diagnósticos médicos imposibilitan muchas veces la tarea del psicólogo, psicoterapeuta o psicoanalista que intenta tirar abajo todas estas barreras diagnósticas para empezar a realizar un trabajo profundo con la persona, para que ésta recupere su verdadera identidad y se pueda recuperar los orígenes inconscientes de su malestar. Estos criterios diagnósticos que existen y, que pueden ser muy útiles en la mayoría de casos, no ha de ser un impedimento para la cura de la paciente y se conviertan en herramientas que agravan la situación y donde la solución es muy difícil.

Para realizar este documento me he basado en alguno autores como Silvia Fendrick y Daniela Aparicio, entre otros.

martes, 11 de mayo de 2010

El papel de la familia en la educación.

Cuando vemos que un niño o un adolescente muestra una actitud provocadora y desafiante, rápidamente tendemos a manifestar nuestra incomodidad y a recriminarlo. Pensamos que hay una intención y una provocación por su parte, también solemos decir que es un “maleducado”. Muchas veces puede ser motivo intrínseco del niño, que verdaderamente se comporte mal y no sepa donde están los límites. Hemos de preguntarnos si ha habido toda una serie de hábitos inculcados desde la familia, límites que han hecho del niño o adolescente una persona que se comporta de manera autónoma e independiente. Para ello los padres y educadores han de tenido que poner la base para ello. En la escuela se va reforzando esta base y da como fruto una persona responsable, lo cual no quiere decir que obediente y sumisa, pero si que puede aceptar las normas y comportarse de acuerdo a las exigencias del momento y del lugar. No se comportará de igual forma cuando esté con los amigos, a cuando está en casa, en el colegio o en un acto público.


Esto parece sencillo, pero muchas veces no es así, porque la subjetividad del adolescente puede generar malestares y contradicciones que le llevan a comportarse de manera violenta o inadecuada. En los centros escolares se dan muchos casos de chicos y chicas que tiene un comportamiento considerado como trastorno de conducta. En muchos de los casos, si no hay un trastorno estructural considerado dentro del campo de la enfermedad mental, como por ejemplo la psicosis o la neurosis actuadora, vemos que detrás de ellos hay, o mejor dicho, no hay unos padres que educan a sus hijos. Son en algunos casos familias desestructuradas o sencillamente sin unos criterios y normas claras. Prácticamente se podría decir que los padres necesitarían ser educados para hacer de padres de una manera más adecuada para sus hijos. De rebote la escuela dejaría de invertir horas en educar hábitos de comportamiento y convivencia, sobre unos adolescentes en los que no hay una base sólida, es muy frágil, y esto se convierte en un imposible. Si se consiguiera esto se podría dedicar más tiempo a transmitir conocimientos de una manera relajada tanto para alumnos como profesores y la familia saldría beneficiada.